martes, 19 de agosto de 2014

Dineros de la soja generan hoteles de lujo, barrios privados y canchas de golf.

HOTEL SOJERO EN VILLA GIARDINO

Desmonte multiplicado


Juan Nicastro
Rebelión


¿En qué se invierten las grandes ganancias que genera el monocultivo de soja? Mucho se ha hablado de los perjuicios a la salud y al ambiente del llamado “paquete Monsanto”, pero es tiempo de revisar la ruta de los dineros. ¿En qué se invierten las ganancias? Barrios cerrados, torres, edificios, complejos turísticos. No es una suposición, es una realidad: el monocultivo de soja no sólo transforma el campo donde se siembra, también afecta ciudades y regiones que deberían ser protegidas.
Vamos a un ejemplo concreto: Desde 2010 avanza un megaemprendiniento inmobiliario-turístico, denominado Pueblo nativo Hotel & Resort, proyecto de hotel + cancha de golf + centro de convenciones + caballerizas + centro comercial + condominios de lujo, por 77 millones de pesos, ubicado en el Camino de los Artesanos, zona semi-rural de Villa Giardino, pueblo de las sierras de Córdoba, zona en situación de sequía y crisis hídrica.
Según fuentes de la propia empresa, el gasto diario de agua asciende a 300.000 litros por día. Casos anteriores en la provincia han llegado a secar arroyos. Este tipo de emprendimientos están en período de auge ante la dinámica inmobiliaria provincial, que moviliza recursos obtenidos principalmente por el comercio de soja.
Los vecinos han reaccionado (incluso el municipio de La Falda se ha quejado) intentando defender la sostenibilidad actual y futura de la comunidad, amenazada por el uso desmedido de agua proveniente de tres pozos que succionan de la napa compartida por toda la población. En toda la región –y también en otros lugares del país y del mundo- se debate por un mayor cuidado y democratización del agua, ordenamientos territoriales que pongan coto a las construcciones en zonas de fuentes hídricas y posibles frenos ante la apropiación privada de áreas naturales.
Pero continuemos analizando el megaemprendimeinto. Se ve claramente que uno de los principales impactos ambientales es claramente la cancha de golf (desmonte + riego suntuoso). Sin embargo, el estudio de impacto ambiental presentado a la Agencia Cba Ambiente y al Municipio de Villa Giardino no habla de la cancha de golf.
Que la Agencia Córdoba Ambiente haya aprobado el Estudio de Impacto Ambiental a pesar de estas irregularidades no sorprende a nadie: El Camino del Cuadrado, una de las obras más importantes de los últimos años, fue realizada sin Estudio de Impacto Ambiental previo. Ante los fuertes daños provocados (por ejemplo a la Reserva Natural Vaquerías) la agencia ni siquiera emitió opinión.
Vayamos ahora a los dineros: Pueblo Nativo Resort & Spa está asociado a la mayor cadena de tiempo compartido global, RCI (Resort Condominiums International), subsidiaria a su vez de la estadounidense Wyndham Worldwide Corporation, una de las cadenas hoteleras más grandes del mundo.
La instalación de este hotel en Córdoba está siendo coordinada por Jorge Chemes, presidente de la consultora AMD, especializada en este rubro. Chemes está vinculado también a otras cadenas, entre las que se encuentra Howard Johnson (de su mano se construyó, por ejemplo, el Howard Johnson de Córdoba). Howard Johnson en Argentina integra la Corporación América (Eurnekián) y su operador visible es Alberto Albamonte, quien fuera secretario de comercio exterior en el primer gobierno de carlos Saúl Menem. Howard Johnson Argentina es la cadena con mayor cantidad de hoteles en nuestro país, con 24 establecimientos en operaciones y otros 21 en construcción.
Varias de las empresas que se reunieron para emprender el Howard Johnson Córdoba participan ahora de la puesta en marcha de Pueblo Nativo. Sus porcentajes de aporte y montos de reintegro impositivo que recibirán son los siguientes: ESPA S.A. 15% $ 3.648.473, NOVAGRO S.A. 10% $ 2.432.316, MAGNUM S.A 10% $ 2.432.316, AUTO MUNICH S.A. 10% $ 2.432.216 (1), CENTRO MOTORS S.A. 10% $ 2.432.316, ROSSETTI CARLOS ALBERTO 10% $ 2.432.316, J.y S.CONTIGIANI y CIA. 10% $ 2.432.316, AGRONOMIA GENERAL CABRERA S.A. 5% $ 1.216.158, RAMONDA MOTORS S.A. 5% $ 1.216.158, AMD S.A 5 % $ 1.216.158. Pero Novagro y Auto Munich pertenecen a la misma empresa, por lo tanto tienen el 20% del proyecto.
Como dato accesorio para entender estos tejidos, cabe destacar que, según consta en documentación en poder del municipio, Jorge Chemes trabaja en relación con el ex concejal Raúl Mandayo, conocido localmente como socio político del actual intendente. Mandayo es ex marido de la ex ministra menemista Susana Decibe, pertenece al PJ provincial y logró el apoyo del gobierno cordobés para el emprendimiento.
¿Novagro?
Novagro SA es una sociedad con sede en Sinsacate registrada legalmente en 2010, aunque sus actividades empresariales comenzaron varios años antes, cerca de 2003. Su principal actividad es la exportación de semillas, ligada a Nidera SA, transnacional exportadora de granos, cuya filial argentina fue denunciada recientemente por trabajo exclavo y evasión impositiva. (1) Regularmente, directivos de Novagro y de Nidera comparten eventos sociales y muestran sus buenas relaciones.
Además de su actividad central como exportadora de granos, Novagro abrió otras ramas de actividad: Auto Munich (concesionaria de automóviles BMW) y Howard Johnson Hotel. En lo relativo a su incursión en hotelería, explican en su página web que “a partir de un diferimiento impositivo, decidimos invertir en un proyecto turístico, el Hotel Howard Johnson ubicado en La Cañada de la ciudad de Córdoba”.
Pablo Novaira, presidente de Novagro SA, explicaba en 2007 que la empresa de insumos de agro radicada en Jesús María, Córdoba, tiene un área de influencia que abarca (1) a productores en un radio de 800 mil hectáreas, unas 600 mil dedicadas a la soja, otras 100 mil al trigo y otras 100 al maíz. En esos días la firma buscaba la obtención de nuevos fondos, mediante la colocación del fideicomiso financiero. Sus unidades de negocios son la distribución de insumos para el campo, acopio, multiplicación de semillas (vende su producción a Nidera) , la explotación agrícola en 1600 hectáreas, servicios de transporte con flota propia de camiones y participación mediante acciones en la empresa corredora de granos local Campos Argentinos, en el Hotel Howard Johnson emplazado en la capital cordobesa y en Pueblo Nativo Hotel & Golf
“Sus proveedores de insumos son Nidera, Syngenta, Basf y Chemotécnica, y facturó a sus clientes, productores pequeños, medianos y grandes, cerca de $52 millones este año (2007). Como dato de crecimiento en su volumen de operaciones, facturó en su primer año “sólo” $13, 5 millones”, definió Novaira durante la presentación a posibles inversores.
De paso, Nidera
Nidera es una compañía transnacional, líder en el mercado argentino de semillas y uno de los mayores exportadores de aceites, de cereales y de oleaginosas. Su participación ronda el 10 por ciento del total de las exportaciones argentinas de esos productos. En 1996, fue la primera que obtuvo autorización para liberar al consumo humano y animal la soja transgénica resistente al glifosato, durante la gestión como secretario de agricultura del ingeniero Felipe Carlos Solá.
En los extremos de esta bocetada ruta, de la soja al golf, hay políticas de estado explícitas, tanto la implementación de cultivos transgénicos como el perfil turístico. Con esas palabras lo publicita la Agencia Córdoba Turismo: “promover el golf es política de estado”. Así, la cantidad de canchas de golf y proyectos en marcha creció fuertemente en los últimos años.
Cerraríamos con esta frase, escrita en España hace más de 5 años: “Los campos de golf, unidos siempre a la urbanización del territorio, son la excusa de moda para reclasificar terrenos agrícolas que habría que proteger y obtener así beneficios millonarios a costa de la depredación del territorio. Su inclusión en los proyectos urbanísticos persigue únicamente encarecer el precio de venta de las viviendas asociadas, aunque la gran mayoría de compradores no practiquen el golf. Eso sí, los promotores los presentan como el milagro que salvará nuestros pueblos y el Gobierno tiene la poca vergüenza de afirmar que mejorarán el paisaje y el medio ambiente”
Falta por lo menos algo más: analizar el impacto económico cultural regional: cuando a una población pequeña llega un proyecto turístico grande, que supuestamente traería buena cantidad de clientes de alto poder adquisitivo, comienzan a abrirse locales comerciales para atrapar esa renta. Luego suben los precios de todas las mercancías (las alimentarias, las artesanías, la ropa, el transporte, los lotes).
Inmediatamente se encarece el costo de vida para los pobladores del lugar. Cuando el megaproyecto fracasa en su promesa de dinamizar la economía local (porque las ganancias fuertes quedan en un pocas manos de socios lejanos y locales), el pueblo se ve más coqueto pero empobrecido desigualmente: los nuevos vecinos ricos la pasan bien en sus fines de semana escogidos, los lugareños sufren el desempleo de las bajas temporadas, los precios altos hasta de los alquileres y comprar un lote se hizo imposible. Hay que mudarse, dejar lo que fue bello pueblito hacia algún lugar más barato. Y toda la comunidad se ha empobrecido en su sostenibilidad, ya que ha entregado su agua y sus mejores pulmones verdes al capital privado.
Epílogo
Y si miramos para el norte, ahí nomás, al norte de villa giardino, unos km apenas, está la divisoria de aguas norte sur, un línea que corre de este a oeste, y allí está el poblado de La Cumbre, y allí anda Fernández Naredo tratando de desalojar a unos antiguos pobladores y quedarse con esas tierras.
Eso han hecho Pueblo Nativo y emprendimientos similares y propuestas desarrollistas similares: promover el mercado inmobiliario, que en los últimos años redobló su zumbido. Muestra de ello es que en Villa Giardino hay más de 10 inmobiliarias, un cifra increíble para un pueblo tan chico. No hacen falta tantas inmobiliarias. Pero cada una de ellas promueve la compra y venta en su accionar cotidiano, para morder algo de mercado. Y el mercado local, con tantos cercanos y lejanos estímulos, así hierve, y las ambiciones se propagan, y de esa agua sucia forma parte el desagüe donde el inversor Fernández Naredo acosa a antiguos pobladores del lugar.
Así que sí, de la soja, al desalojo de antiguos pobladores, hay una relación clara. Así se entiende también que la soja no es un alimento. No ésta soja, transgénica, parte del paquete Monsanto, eje del modelo agrícola argentino actual. La soja natural, sí, es alimento. Tiene otro sentido.
Pero ésta soja no es un alimento. No es un alimento. No es ese su rol principal. La soja es una manera de generar dinero con la tierra, con el territorio. La soja es un potente dinamizador del mercado inmobiliario. El mercado inmobiliario es el mercado donde la tierra pasa de dueño a dueño de un día para otro y otro día para otro día como si se tratara de televisores. Pero la tierra no es un televisor. La tierra es territorios, es identidades. No es bueno que la tierra cambie de dueño bruscamente. La tierra no tiene realmente dueños, pero incluso si así, fuera, es algo que cuidar, responsablemente, a través del tiempo, conocer sus ciclos, aprender las mejores formas de convivencia.
Y aunque uno cayera de golpe a un lugar, y no tuviera tiempo de conocerlo, igual hay una experiencia acumulada por la humanidad en cuanto a cuáles son las mejores formas de cuidar la tierra y abrigarse en ella para que siga siendo madre y hermana. Y no es precisamente ésa la actitud de los mercaderes inmobiliarios, ¿no? Habrá algunos más cuidadosos. Pero la mayoría arrasa con lo previo y construye su idea sin mayor respeto, sin dolor de meter una topadora sobre la piel de quien cobijó un hogar para sus anteriores habitantes, gentes, animales, árboles, plantas, rocas, aguas.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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